Recientemente, el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, reclamaba ante los medios de comunicación la necesidad de reformar la Ley Electoral para garantizar que en cada ayuntamiento de España gobernase la lista más votada. Seguro que a cualquier benalmadense le sorprenderán estas declaraciones. Y es que el alcalde que actualmente rige su Ayuntamiento, Enrique Moya, no fue ni tan siquiera el segundo más votado: únicamente obtuvo 3.000 votos en una ciudad que ya supera con creces los 50.000 vecinos. Y participó en los comicios bajo las siglas del partido que lidera Rajoy. Supongo que el secretario general del PP, a poco que mantenga una mínima coherencia en su discurso político, no pudo evitar sentirse incómodo al recibir el escudo de Benalmádena de manos de un político que ni siquiera representa a una quinta parte de sus vecinos.
Desde luego, podemos extraer una conclusión clara y directa de esta proporción de votos: Benalmádena cuenta con un alcalde con el que no se identifica la gran mayoría de los ciudadanos. Nadíe puede negar que en las elecciones municipales de 2007 los benalmadenses expresaron un mensaje muy claro y directo con su voto: el deseo de un cambio. Un deseo que acabó destronando de su poltrona a Enrique Bolín, después de 12 años de excesos políticos, además de expresar el rechazo a la lista por la que apostó el PP, liderada por uno de los hombres fuertes del bolinismo.
Lejos de respetar la voluntad ciudadana, desde el PP prefirieron orquestar un asalto al poder con la complicidad del partido de Jesús Fortes y los jirones del GIB-Bolín, además de una tránsfuga. Precisamente, las fuerzas políticas a las que los benalmadenses le habían dado la espalda. No fue una moción motivada por el caos y el desgobierno, sino por la ambición de poder, por el egoismo de los que quieren que nada cambie para que sus intereses sigan inamovibles.
Más de 18 meses después, la situación de colapso a la que ha llevado el cuatripartito a este municipio demuestra la absoluta invalidez de cualquier argumento que pretendiera defender que Benalmádena fuera gobernada por una de las listas menos votadas. Seguro que los benalmadenses sabrán valorar este gesto del PP en las próximas elecciones.

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